Este fin de semana tenemos como invitado especial al programa del sábado al argentino Adrián Flores, músico, productor y promotor de conciertos de blues. El domingo vamos con los estrenos de Microwave Dave & The Nukes, Geoff Achison, Guitar Mikey y GravelRoad.
Historias del Blues se emite sábados y domingos a las 5 p.m. (-5 UTC) por Javeriana Estéreo, 91.9 FM en Bogotá, con audio en vivo en internet a través de su sitio web.
A continuación el listado de temas:
Sábado 2 de junio
“Pará y escuchá un blues” Adrián Flores y Blues Special Band (Llegaron los blues)
“No sé que hacer” Adrián Flores y Blues Special Band (Llegaron los blues)
“Se dicen amigos” Adrián Flores y Blues Special Band (Llegaron los blues)
“Hay fiesta en mi hogar” Adrián Flores y Blues Special Band (Llegaron los blues)
“Si el blues fuera…” Adrián Flores y Blues Special Band (Solo un bluesero)
“Soy un tipo con pocas pulgas” Adrián Flores y Blues Special Band (Solo un bluesero)
“Hoy no voy a trabajar” Adrián Flores y Blues Special Band (Solo un bluesero)
“Howlin’ for my baby” Hubert Sumlin (Made in Argentina)
“Drive, drive, drive” John Primer (All Right)
“She wants to sell my monkey” Carlos Johnson (My name is Carlos Johnson)
“Tengo los blues (ahora lo sé)” Adrián Flores y Blues Special Band (Solo un bluesero)
Domingo 3 de junio
“Tire Man” Microwave Dave & The Nukes (Last Time I Saw You, 2012)
“Alabama Saturday NIght” Microwave Dave & The Nukes (Last Time I Saw You, 2012)
“Last Time I Saw You” Microwave Dave & The Nukes (Last Time I Saw You, 2012)
“Rule The World” Geoff Achison (Little Big Men, 2012)
“Bit By Bit” Geoff Achison (Little Big Men, 2012)
“Chasin’ My Tail” Geoff Achison (Little Big Men, 2012)
“Livin’ In The Big Time” Guitar Mikey (Out Of The Box, 2012)
“Need $100” Guitar Mikey (Out Of The Box, 2012)
“Who Is She” Guitar Mikey (Out Of The Box, 2012)
“Devil Eyes” GravelRoad (Pshychedelta, 2012)
“In The Woods” GravelRoad (Pshychedelta, 2012)
“Let Me Hold You” GravelRoad (Pshychedelta, 2012)
Historias del Blues en radio, 2 y 3 de junio de 2012
La cultura de los juke joint
Roger Stowe y Jeff Konkel, productores del documental “M For Mississippi”, traen ahora un recorrido por la cultura de los juke joint en el Mississippi, viajando por ciudades como Clarksdale, Shelby y Bentonia, para mostrar a los espectadores lo que ocurre actualmente en estos lugares donde el blues tuvo un alto punto de ebullición.
Recordemos que los juke joint eran los lugares en los cuales las comunidades negras se reunían luego de las semanas de trabajo. Estos sitios generalmente quedaban ubicados en los cruces de camino y su nombre se debe a las rocolas (jukebox) en las que sonaban discos y también ofrecían música en vivo.
“We Juke Up In Here” se adentra en la vida de cuatro de esos lugares en el Mississippi, centrándose en el más importante de ellos, el Red’s Lounge de Clarksdale, propiedad de Red Paden, un hombre que no duda en afirmar que es el rey de los juke joint. Y lo dice con mucha razón pues por su negocio han pasado artistas de la talla de T-Model Ford, R.L. Burnside o Robert Belfour, entre otros.
“Soy el hombre que más sabe de blues en la zona”, dice Paden, “y la gente que conoce del blues lo sabe”. En el Delta todos tienen que pasar por el Red’s Lounge, sea artista o sea turista tiene que ir a vivir esa experiencia de sentir la esencia viva del blues.
A pesar de que Paden ofrece en su juke joint música en vivo todos los fines de semana, esa tradición se está perdiendo. Una de las razones es la falta de empleo que hay en la zona, como lo hacen notar los realizadores del documental, por lo que la gente piensa muy bien en conservar su dinero. Otro motivo es que es más barato pagarle a un deejay que a una banda. “No prometo nada. Si contrato una banda y nadie viene, no estoy dispuesto a perder dinero”, dice Po’ Monkey, propietario del juke joint del mismo nombre en Clarksdale, una pequeña cabaña en medio de un campo de algodón, llena de mesas y sillas metálicas, destartaladas, iluminada con luces de árbol de navidad, que hace énfasis desde su entrada en que solo tocan blues: el aviso reza “No rap music”. Allí todos los jueves están los deejay Doctor Tissue y Ice Storm. La entrada cuesta $5.
En Shelby, nos cuentan Stowe Y Konkel, está The Do Drop Inn, un pequeño sitio en el que ocasionalmente se presentan bandas en vivo, aunque viven más de la música que suena a través de su equipo. A la pregunta de qué satisfacción trae mantener un sitio así, aunque no brinde ganancias, su dueño Arnold Gómez responde que le da tranquilidad porque está haciendo algo que le gusta. Esta idea es claramente respaldada por Jimmy “Duck” Holmes, propietario del Blues Front Café en Bentonia: “Si yo tuviera esto para lucrarme, ya habría quebrado”.
En la tierra donde el blues surgió, la tradición de los juke joint se está perdiendo. No se puede decir que se cuenten con los dedos de la mano, todavía quedan muchos, aunque ya no como antes. Los negocios se han ido cerrando porque la gente joven prefiere escuchar otra música o ir a los barcos casino, que todos los fines de semana atracan en los puertos a orillas del río Mississippi. Quienes aún prefieren el clásico sonido del blues, bien sea interpretado por una banda o por medio de un disco, saben que ir a los juke joint es como acudir al servicio religioso los domingos en la mañana, un compromiso ineludible.
We Juke Up In Here. Directores: Roger Stowe, Jeff Konkel, Damien Blaylock. 65 min. 2012.
Big Pete Pearson & The Gamblers – Choose (Modesto Blues Records, 2012)
Escuchar a Big Pete Pearson es como escuchar a esos grandes vocalistas del blues de Chicago detenido en el tiempo. Su voz poderosa resalta por encima de los instrumentos, que se convierten en la base perfecta para un fraseo que conoce el blues a fondo gracias a su trabajo con figuras legendarias como Ray Charles, B.B. King, Big Joe Turner o T-Bone Walker, con quienes compartió escenario en diversas ocasiones y sacó provecho a sus enseñanzas.
Pearson nació en Jamaica en 1936 pero llegó muy pequeño a Estados Unidos, exactamente a Austin, donde cuenta su leyenda que dio su primer concierto a los 9 años de edad. Luego se trasladó a Arizona, estado en el que realmente comenzó a moverse dentro del blues, llegando a ser considerado como el mejor exponente de su escena.
Para muchos músicos, Big Pete ha tomado la figura de padre, no solo por esa poderosa voz de mando que tiene y su gran figura sobre el escenario sino también porque se ha encargado de abrazar a muchos artistas y ayudarlos a subir a un mejor nivel.
Gracias a sus interminables giras por diversos países, Big Pete aterrizó en Italia y ha sido acompañado por la banda local The Gamblers, que es justamente la que lo acompaña en esta nueva producción que se convierte en el primer disco que graban juntos. Realmente se nota que a los “tanos” les gusta el blues y lo interpretan de buena forma, lo sienten adentro, gracias a la influencia de Pearson.
Estados Unidos y Europa unidas por el sentimiento de una raza, por algo que se lleva en en la sangre, juntas por el blues.
Watermelon Slim de traje curuba
De Muros Enraízados @rootedwall
Cuando entró alguien y le preguntó qué le había pasado en la frente, respondió: “Tratando de abrir esta botella (de whisky) me golpeé” –“¿Vas a poder tocar con eso, no hay problema?” –“No necesito mis ojos para tocar; con mi boca y mis manos, basta”
La primera vez que vi en concierto a Watermelon Slim, vestía un traje color curuba. Eso fue la semana pasada y por poco no hubiera sido, pues de no haberse tratado casi de una misión, el dolor en las piernas de turista, propio de mis viajes de un día para otro a Medellín, me habría ganado. Decidí ignorarlo con ayuda de un dólex y varias cervezas. Las referencias al color curuba se habían quedado atrás, en las paredes de la casa de mi abuela quien, por cierto, hacía las mejores papas fritas caseras del mundo.
Además de su verdadero nombre, Bill Hommans (que uno encuentra en la Wikipedia), muy poco sabía del Watermelon. Había escuchado de forma escueta solo algunas de sus canciones. “Black Water”, mi favorita, que habla del Huracán Katrina y cómo se destaparon nuevamente con él, las podredumbres del gobierno norteamericano. La razón por la que terminé en ese concierto, por el cuál tuve que vivir 16 horas espantosas de viaje-tour en carretera, fue porque sencillamente soy un entusiasta. Sabía por los mentores a los cuáles les tengo más que fe, que quién venía era toda “una leyenda viva del blues” y entre otras cosas, también era historiador (además de historiador del blues), periodista, camionero y había estado en la guerra de Vietnam. En todo caso, una deliciosa sopa con ingredientes de puro blues. No se podía perder la oportunidad considerando además, el poco apoyo que reciben empresas como las de traer exponentes de géneros con tan poca popularidad en este país.
Mi aproximación a la música y sobre todo al blues, siempre ha sido intuitiva. Esta vez también lo fue, y como todo con la intuición siempre sale bien, aquí salió perfecto. El bar donde se presentaba, aunque algo pequeño, era bastante acorde con el propósito del concierto, consistía de un tremendo escenario central, rodeado por mesas y sillas -que sosegaron mi preocupación por estar mucho tiempo parada- y que además, para mi sorpresa, daba vueltas como para mostrarles a todos por igual, de lo mismo. Con la atmósfera y los instrumentos que colgaban frente a nosotros, el lugar estaba muy cerca de parecerse a uno de esos juke joints que tanto aguantaría ir a conocer.
Como parte del plan era conseguir un autógrafo, decidí empezar el lobby mientras todos seguían sobrios. Indagué un poco y luego me lancé a estrechar manos. No solo logré el autógrafo sino, más allá de mis expectativas, terminé compartiendo unos minutos con éste hombre del cuál tan poco sabía. Me lo encontré sentado en un pequeño depósito, como esperando y conservando el suspenso. Alguien me dio la otra silla que había y charlamos un rato, sentados frente a una mesa de madera muy sencilla, de esas que hay en los depósitos, y hablando de “cualquier cosa”. Me contó que había intentado ser periodista en algún momento de su vida pero sentía un profundo desprecio por el periodismo que se hacía en Norteamérica pues no dejaba espacio para el libre pensamiento. Me contó (o confirmó) que estuvo en la guerra de Vietnam y que también había conocido a un famoso periodista de guerra que vivió la etapa del tercer Reich, cuyo nombre no recuerdo, seguro porque cada vez que entraba en razón se me alteraban los nervios por toda la escena. Al rato empezaron a entrar y salir personas otra vez y vi que era momento de no estorbar más. El que quería seguir hablando era Slim, casualmente. Uno de ellos, quién después se presentó como Johnny, el vocalista de Big Bones, la banda paisa que iba a acompañar a Slim, notó que el bluesman tenía algo raro en la frente. Era un golpe reciente que sin querer, se había dado con la botella de whisky que había en la mesa. Cuando salí del pequeño cuarto, sentí que había ido a ver a alguien que conocía de hacía mucho tiempo. Qué vanidad.
Big Bones es una banda que también acababa de conocer, en uno de los especiales de Historias del Blues en que sonaron su disco. No los había escuchado mucho y debo decir que lo que empezó a sonar esa noche, poco tiempo después de tomarme otra cerveza para tranquilizarme, superó por mucho mis expectativas. En vivo son tremendos y la voz suena mucho más “carreterosa”, más real. Tocaron un par de canciones de ellos y tras un anuncio, salió Slim, con su traje color curuba. Después de haber hablado con él, vi salir no a un “entrepreneur” como se llamó a sí mismo en nuestra conversación, sino a un hombre que evoca todo lo que había ido a buscar, y muchísimo más. Y ahora lo conocía.
El sonido me parecía de otra magnitud; de otra longitud. A veces no entendía como ese hombre lograba hacer sonar la armónica como si el aire no saliera de sus pulmones, sin contar además, la forma en que tocó su slide guitar acompañándola con sus divertidos gestos, como queriendo traducirnos sus canciones. No pudo además ocultar su emoción cuando vio a una pareja que bailaba embriagada con los sonidos del slide, a quienes señaló por evocar el ambiente de ese juke joint.
Se me olvidó el dolor de las piernas por completo. Ya no importaba si tenía que regresarme al día siguiente a seguir lidiando con el aburridor clima que tanto azota. Quizás eran los efectos de la histeria que mi espíritu vivió hasta que la noche acabó oficialmente, hasta la última nota.

