Aurora “Rory” Block es conocida por ser una de las mejores intérpretes de blues acústico, además de recoger la tradición de los grandes cantantes del Delta Blues y el estilo slide, así como ser una excelente compositora.
Rory nació y se crió en Manhattan. Hija de una familia bohemia, pasó sus primeros años al lado de músicos como John Sebastian o Geoff Muldaur, clientes frecuentes de la tienda de sandalias de su padre. A los 10 años tomó la guitarra y dos años después participó en la grabación de The Elektra String Band Project, un álbum conceptual de la banda de su padre. Conoció allí a Stefan Grossman, también amante del blues, con quien visitó al reverendo Gary Davis, uno de los grandes bluesistas vivos de la época.
A los 15 años de edad, Block dejó su hogar y viajó hacia el sur, donde fue marcada directamente por el blues, gracias a la influencia generada por la presencia de Skip James y Mississippi John Hurt. Luego volvió a Berkeley, donde desarrolló su estilo slide. En 1975 grabó su primer álbum, “I’m In Love”. Después de dos grabaciones para el sello Chrysalis, produjo un disco para enseñar a tocar la guitarra blues. Al poco tiempo firmó con Rounder, casa disquera con la que mantuvo una larga relación. En esta época se mantuvo constantemente en gira, gracias a la reputación ganada como una de las mejores intérpretes del viejo country blues.
En 1987 el sello Rounder publicó el álbum “Best Blues & Originals”, una recopilación con lo mejor del trabajo de Rory Block. Continuó también grabando discos educativos y uno para niños, titulado “Color Me Wild”. Aunque muchos de sus trabajos hasta esa época obtuvieron discos de oro, no fue sino hasta 1992 que llegaron los reconocimientos, cuando ganó el premio NAIRD, entregado por los distribuidores de música independiente, por su álbum “Ain’t I a Woman”, galardón que volvió a obtener en 1994 y 1997. En 1996 obtuvo el premio W.C. Handy como Mejor álbum de blues tradicional gracias a “When A Woman Gets The Blues”. Repitió en 1997 y 1998 como Mejor Artista Femenina de Blues, y en 1999 ganó en la categoría Mejor álbum de blues acústico por su trabajo “Confessions of a Blues Singer”.
La guitarrista y cantante ha seguido de gira, no tan intensas como en sus primeras épocas cuando realizaba 250 presentaciones al año. En ocasiones es acompañada por su hijo mayor, Jordan Block, quien también participa en sus discos. En lo que va corrido de esta década ha publicado seis discos, incluyendo uno en concierto. “From The Dust”, de 2005, obtuvo buenas críticas, al igual que “The Lady And Mr. Johnson”, de 2006, el cual es una selección de canciones de su ídolo música y mayor influencia, Robert Johnson. El año anterior se publicó un DVD llamado “The Guitar Artistry of Rory Block” y este año presentó “Blues Walkin’ Like A Man”, tributo a Son House.
Rory Block, nacida el 6 de noviembre de 1949
Dave Arcari – “Got me electric” (Buzz Records, 2009)
Ya tenía conocimiento de la existencia del guitarrista Dave Arcari, primero gracias al disco de una banda llamada The Radiotones, con sede en Glasgow (Escocia) y luego con su álbum solista “Come with me”, publicado en 2007. En esta nueva producción se mantiene en la misma tendencia, una guitarra resofónica, mucho slide y una voz gruesa, carrasposa, que nos llevan por nueva temas originales y tres interpretaciones de composiciones de Blind Willie Johnson, Robert Johnson y Frankie Miller más la musicalización de un poema de Robert Burns, el principal poeta de escocés.
De nuevo es un gran acercamiento al blues del Delta, con una mira muy contemporánea, que mezcla ese estilo con otros géneros como el rockabilly y el punk. El blues continúa en su proceso evolutivo gracias a artistas como Arcari.
Corey Harris, nacido el 21 de febrero de 1969
Corey Harris ha sido aclamado por la crítica por ser uno de los pocos bluesmen contemporáneos capaz de canalizar toda la emoción directa del Delta Blues, sin necesidad de haberse dedicado obsesionadamente por la historia de este estilo. Sin embargo, es muy versado en la temprana historia de la guitarra blues aunque no es muy preservacionista, ya que su rica música es una mezcla de diversas influencias, desde Nueva Orleáns, hasta el Caribe y África. Gracias a esto ha logrado tener un amplio espectro de fanáticos, desde los tradicionalistas del blues hasta los que tienen una sensibilidad más contemporánea.
Harris nació en Denver, Colorado, el 21 de febrero de 1969, y comenzó a tocar guitarra a los 12 años de edad, gracias a la colección de discos de Lightinin’ Hopkins que tenía su madre. Tocó en bandas de rock’n’roll en el colegio y perfeccionó su técnica vocal en la iglesia. Estudió antropología y gracias a ello viajó a Camerún a estudiar lingüística africana, logrando así tener contacto con la música de ese continente.
Al regresar a Estados Unidos, Harris enseñó inglés y francés en Luisiana, alternando este oficio tocando en clubes, cafeterías y esquinas en los alrededores de Nueva Orleans. Así ganó reputación a nivel local, logrando por esto un contrato con Alligator Records para grabar lo que sería su álbum debut, “Between midnght and day”, en 1995, el cual obtuvo muy buenas críticas en las publicaciones especializadas.
En 1997 Harris publicó “Fish ain’t bitin’”, con el cual comenzó a expandir su estilo al añadir una sección de vientos muy al estilo de Nueva Orleans en algunos cortes, a la vez que enfatizó sus propias composiciones en un mayor porcentaje. Dos años después publicó el que ha sido su trabajo más aclamado: “Greens from the garden”, en el que vemos al músico profundizando en el funk y el rithym and blues de Nueva Orleans, interpetando también clásicos del blues en un nuevo contexto. El resultado es un caleidoscopio de estilos de música negra, que generalizó mucho más la atención de la crítica musical en su trabajo.
A comienzos del nuevo siglo, Corey Harris cambió de casa disquera, pasando de Alligator a Rounder, con la cual publicó “Downhome sophisticate” en 2002, un trabajo muy ecléctico, que exploraba sus influencias africanas y le añadía algo de música latina. Dos álbumes más siguieron en Rounder, “Mississippi to Mali” en 2003 y “Daily Bread” en 2005. Como buen explorador musical, Harris pasó por las raíces del reggae en su trabajo “Zion crossroads” de 2007, publicado por Telarc.
Son House, fallecido el 19 de octubre de 1988
El lugar que ocupa Son House en la historia del delta blues es uno de los más altos. Nos atreveríamos a decir que no solo en el blues sino en toda la música. Fue uno de los mayores innovadores del estilo Delta, junto con sus compañeros Charley Patton y Willie Brown. Pocas experiencias auditivas en el blues son tan intensas como las de Son House, con ese fervor emocional en la voz y la interpretación del slide. Esto no solo fue influencia para los músicos ingleses en los años 60, mucho antes sirvió de inspiración para Muddy Waters y para el mismísimo Robert Johnson. Cuando tomaba su guitarra con cuerpo de acero se sabía que iba a tocar blues y cuando la dejaba a un lado pero seguía con su interpretación a capella, se sabía que era la hora del góspel. Ningún bluesman era capaz de pasar de lo profano a lo sagrado, con tanta inmediatez, como Son House.
Nació el 21 de marzo de 1902 y su nombre era Eddie James House Jr. A los 15 años de edad predicaba el evangelio en varias iglesias bautistas mientras su familia vagaba de plantación en plantación trabajando. A los 25 años cogió la guitarra por primera vez a pesar de que, como el mismo decía, no podía aguantar a un tipo que tocara ese instrumento. Pero mientras esta ambivalencia iba disminuyendo, el gusto por el licor y el desapego al trabajo iban creciendo. En una noche de juerga, Son House subió al escenario y cantó por unas cuantas monedas. En ese momento era un predicador pero empezó a formar parte del mundo del blues.
Si la noción romántica del blues dice que la vida está llena de problemas, Son House lo comprobó en otra noche llena de alcohol, cuando mató a un hombre a tiros. Fue encarcelado en la prisión Parchman y liberado 2 años después, tras el intenso lobby que hizo su familia. Tras ser expulsado de Clarksdale, en el Mississippi, comenzó una nueva vida en el delta, dedicándose por completo al blues.
Luego de vagar por las vías férreas, se estableció en Lula y conoció a uno de los personajes más legendarios que tenía el blues en esa época: Charley Patton. Si hubieran planeado ser tan disímiles en cuanto a disposición, estatura y presentación sobre un escenario, no lo hubieran logrado. Patton era divertido, muy hablador, pequeño, un verdadero showman. House, por su parte, era alto, flaco, callado, con una actitud de culpa por trabajar en las tabernas, aunque cuando entraba en una, todo eso pasaba a un lado.
Los dos solían discutir mucho y lo único que parecían tener en común era su capacidad para tomar cualquier bebidas alcohólica que se les atravesara. A pesar de House se refirió acerca de Patton con términos poco amistosos, lo cierto es que el éxito de éste último fue lo que ayudó para que House pudiera poner un pie en los estudios de grabación.
En lo que concierne a grabaciones, cuando Patton grabó, House también lo hizo aunque el resultado fueron tres temas que se lograban escuchar en medio del hiss, el sctratch y los estallidos que se asemejaban más a un vidrio roto. Esto llevó a Alan Lomax, en 1941, a volverlo a grabar para la biblioteca del congreso de Estados Unidos. Para esa época House seguía tocando aunque la muerte de Charley Patton, en 1934, lo había desestabilizado anímicamente. Son grabó algunas canciones solo, por pedido de Lomax, pero también grabó algunas sesiones acompañado por un grupo de cuerdas, en versiones que podían llegar a durar casi 6 minutos.
Luego de las grabaciones con Alan Lomax, House se mudó a Nueva York y se retiró de la música hasta que fue descubierto por investigadores del folk blues en 1964. Cuando le pidieron que grabara, House dijo que hacía mucho tiempo no tocaba guitarra y que se había olvidado de sus canciones. Uno de ellos, un guitarrista llamado Alan Wilson, que luego conformaría al grupo Canned Heat, se sentó con él y literalmente le enseñó a Son House a tocar como lo hacía Son House.
Cuando el viejo maestro estuvo listo, los festivales lo acogieron y también los estudios de grabación. En 1965 tocó en el Carnegie Hall y 4 años después se encontró como el protagonista de un documental que llevaba su nombre. Tuvo numerosos fanáticos que lo seguían y le preguntaban por Robert Johnson, por Charley Patton y por otros de esos nombres que eran exóticos y míticos para esos jóvenes pero que para él habían sido compañeros de carne y hueso. Aclamado como el gran sobreviviente del delta blues, se mantuvo activo hasta que enfermó en los años 70: le fueron diagnosticados alzheimer y parkinson, enfermedades que afectaron su memoria y su habilidad para tocar la guitarra. Vivió entonces, de forma tranquila, en Detroit hasta el día de su muerte, el 19 de octubre de 1988.
Crossroads – La encrucijada
Fue grato ver de nuevo “Crossroads”. Creo que por lo menos hace diez años la vi y tuve la misma sensación de alegría que en ese momento. Esta cinta se ha convertido en una suerte de película de culto para nosotros los amantes del blues.
Eugene (Ralph Macchio) que desea ser músico de blues y descubre que hay una canción inédita de Robert Johnson. Busca a Willie Brown (Joe Seneca), recluido en un hospital, y le cuenta su descubrimiento. El viejo Brown accede a ayudarlo pero con la condición de que lo saque de donde está encerrado y lo lleve hasta el Mississippi. Juntos pasan por algunas aventuras hasta llegar a la zona donde nació Brown. Allí Eugene descubre que Robert Johnson nunca dejó canciones inéditas y que el propósito del viejo músico al volver al delta del Mississippi era tratar de romper su pacto con el diablo, firmado cuando era joven en un cruce de caminos.
Aunque no es un filme con mucha técnica, logra su objetivo de entretener. La música, algunos bailes que vemos, realmente llegan al corazón particular que tenemos los bluseros y poder ver en escena, aunque sea por algunos segundos, a leyendas como Frank Frost, pagan todo. La forma en que el director juega con los flashbacks, poniéndoles en pantalla en blanco y negro, obliga inevitablemente a recordar a Robert Johnson, Charley Patton, Willie Brown y Son House, los grandes del delta-blues.
La película no deja nada de lado, jugando con ese cruce de caminos que tienen el blues y la hechicería. Siempre se tiene presente el pacto con el diablo, todo un mito de la imagenería blusera, y los amuletos de buena suerte, como el mojo hand que le entrega Brown a Eugene antes del duelo de guitarras. Así mismo encontramos la imagen del “hobo”, de los vagabundos músicos que caminaban y caminaban haciendo auto-stop para trasladarse de un pueblo a otro para tocar su música y darse a conocer.
De las cosas particulares que tiene la película está ese duelo de guitarras entre Eugene y Jeff Butler (Steve Vai), que obviamente gana el primero cuando decide interpretar un blues aplicando las técnicas de la guitarra clásica, conjugándolas con Mozart.
Y ni hablar de la música, escrita e interpretada por Ry Cooder. Blues del bueno, un recorrido por el blues acústico, con versiones de algunos clásicos, más la participación de Sonny Terry, encargado de doblar la armónica que interpreta Joe Seneca en la película.
Vale la pena ver esta película, digna representante del blues en el cine.
Crossroads. Director: Walter Hill. Reparto: Ralph Macchio, Joe Seneca, Jami Gertz, Robert Judd, Steve Vai. 100 min.1986.
Robert Johnson, fallecido el 16 de agosto de 1938
Si el blues tiene una figura mítica, alguien cuya historia pase por encima de la música, como lo ha sido Charlie Parker en el jazz o Hank Williams en el country, ese personaje es Robert Johnson, la figura más conocida en la historia de los 12 compases. Por supuesto, la leyenda se fortalece en el hecho de que dejó un pequeño legado de canciones que se convirtieron en piedras fundamentales del género mismo, como por ejemplo “Sweet home Chicago” o la bien conocida “Crossroads”, que han sido adaptadas por infinidad de artistas, desde los Rolling Stones hasta los Red Hot Chili Peppers.
Como compositor. Cantante y guitarrista de gran destreza, Johnson produjo lo mejor del blues y se convirtió en la verdadera leyenda. Un genio atormentado por demonios, por el alcohol, por las mujeres, que murió joven, el 16 de agosto de 1938, logrando adquirir todo ese perfil de personaje mitológico, que se ha logrado mantener gracias al romanticismo de muchos biógrafos.
La leyenda de Robert Johnson, para quienes no la conocen, es más o menos así: Un joven negro de una plantación del Mississippi con grandes deseos de convertirse en músico de blues. Le dicen que lleve su guitarra a la medianoche a un cruce de caminos y allí un gigantesco hombre negro (el diablo) se la afinará. A cambio de su alma, en un año el músico se convierte en el rey del blues del Delta, creando los mejores blues que alguien hubiera podido escuchar en esa época.
La leyenda continúa diciendo que Johnson llegó al éxito gracias a sus conciertos y a sus grabaciones, pero él seguía atormentado por las pesadillas de perros diabólicos que lo perseguían y este dolor solamente encontraba un alivio al momento de componer o de interpretar su música. Gracias a su fama fue llamado para participar en el concierto “Spirituals to Swing”, que se haría en el Carnegie Hall de Nueva York, pero justo llegó la noticia desde el Mississippi: Robert Johnson había sido envenenado por una novia celosa durante una presentación en un juke-joint. Quienes estaban allí cuentan que lo vieron correr en cuatro patas, aullando y botando espuma por la boca como si fuera un perro rabioso. Sus últimas palabras, habladas o escritas, fueron “Le pido a mi redentor que venga y me saque de la tumba”. Johnson fue enterrado en una tumba sin nombre, sellando así su pacto con el diablo.
Volviendo al mundo real, las influencias musicales de Johnson no son tan disparatadas como lo que sugiere la leyenda. Cuando era joven, Johnson intentó tocar armónica, pero encontró que no tenía mucha habilidad para este instrumento. Sus deseos musicales lo llevaron hacia la guitarra, aprendiendo a tocar mientras veía a Son House, Charley Patton y Willie Brown. Johnson dejó Robinsonville luego de casarse y se estableció en Hazelhurst con la determinación de convertirse en músico profesional. Luego de que su esposa muriera durante el parto de su primogénito, Johnson regresó a Robinsonville, se encontró con House y Brown, tocó con ellos algunas canciones y la única explicación que los grandes músicos del Delta tuvieron acerca del talento de Johnson fue que había hecho un pacto con el diablo.
Las habilidades de Johnson fueron adquiridas de formas más terrenales que de un trabajo estilo Fausto. Johnson era ídolo de Scrapper Blackwell y de Lonnie Johnson, en ocasiones se presentaba como su hermano. También era fanático de la música de Skip James y de Kokomo Arnold, quienes fueron elementos de inspiración para crear su particular estilo. Al parecer su mayor influencia fue un músico llamado Ike Zinneman, cuyo sonido realmente no se conoce, pero que solía reunirse con Johnson a altas horas de la noche, en el cementerio, para tocar sentados sobre una tumba. Un año después de estar bajo la tutela de Zinneman, Johnson logró tener todo ese conocimiento de la guitarra, con una habilidad única para cantar y tocar múltiples estilos. Pero su mayor contribución fue interpretar boggie con la guitarra, algo que en los años 30 solo era hecho por pianistas, tocando guitarra líder y guitarra rítmica al mismo tiempo.
A pesar de que Robert Johnson no grabó tanto como Lonnie Johnson, Charley Patton o Blind Lemon Jefferson, con seguridad viajó mucho más que todos ellos juntos. Después de sus primeros registros, Johnson salió a los caminos, tocando donde fuera y cuando fuera, inspirándose en las experiencias de los nuevos lugares y cosas, llegando a ciudades como San Luis, Chicago y Detroit, sitios que algunos de sus compañeros tan solo habían visto en películas.
Pero el final de ese camino llegó una noche de sábado, en agosto de 1938, en un lugar del Mississippi llamado Three Forks. Johnson tocaba con Honeyboy Edwards y Sonny Boy Williamson II, cuando Robert tomó un whisky envenenado, posiblemente, por el esposo de la cantante a quien Johnson coqueteaba. Siguieron tocando hasta que se sintió muy enfermo y se fueron a descansar. Robert Johnson estuvo enfermo durante varios días, expulsando todo el veneno a través de su sudor pero pescando una neumonía, por la cual murió el 16 de agosto. La leyenda apenas estaba comenzando.
A mediados de los años 60, Columbia Records lanzó “King of the Delta Blues Singers”, la primera compilación musical de Johnson. El cuadernillo traía una romántica especulación de la vida del músico, que durante años fue la introducción a la leyenda, ayudando a promover el mito. Un segundo volumen fue publicado en los 70 y en 1990 llegó la colección completa, dos discos compactos, más lo que se podría considerar como el Santo Grial del blues: las dos únicas fotografías que se conocen de Robert Johnson. Esta colección llegó a vender más de un millón de copias, siendo el primer disco de blues en hacerlo.
Después de eso, el nombre de Robert Johnson se convirtió en un elemento de mercadeo. Camisetas, afiches, postales, entre otras cosas, convirtiéndolo en la figura del blues que más lucro ha conseguido, algo que seguramente Johnson, cuando estaba vivo, no pensaba. Ni siquiera pasaría por su cabeza el hecho de que se iba a convertir en una leyenda.
Sean Costello – “We can get together”
Recibí este trabajo hace un par de meses y me senté, de inmediato a escucharlo. Me impresionó muchísimo, un sonido bastante fuerte, como de un bluesista maduro, curtido por los años. Encontré muchas similitudes con grandes intérpretes de la guitarra, como el caso de Stevie Ray Vaughan, pero también algo más, por ejemplo, una voz muy particular al cantar baladas, con un sentimiento que se me asemejaba al de James Brown en este tipo de interpretaciones. Fui prácticamente envuelto por este artista, cuya biografía iba leyendo en la medida en que iban corriendo los temas de su producción.
Sean Costello, joven, 28 años, llamado a ser la nueva figura del blues con toda seguridad. Miré prensa en la disquera, comentarios en algunas revistas: todos lo señalaban como el artista a mirar en los últimos años. Al día siguiente, revisando mi correo, encontré un mensaje de Delta Groove, sello que publicó este álbum de Costello: el músico había fallecido el día anterior. No puedo explicar la desazón sentida en ese momento. El blues había perdido a su futuro más prominente, alguien que seguramente le iba a hacer contrapeso a Kenny Wayne Shepherd, a Jonny Lang y a otros jóvenes, alguien que tenía el sabor genuino del Delta, pero también el de Memphis y el de Texas. Costello reunía las condiciones necesarias para dar un aire renovado al blues, pero ya no podría cumplir con ese cometido que le estaban imponiendo los medios.
Hagamos un pequeño repaso a la biografía de Sean Costello: nació en Filadelfia en 1979 y se trasladó con su familia hacia Atlanta, a los 9 años de edad. Al poco tiempo comenzó a tocar la guitarra y en pocos años ganó el premio al mejor talento joven de la Beal Street Blues Society en Memphis. Gracias a eso pudo formar su propia banda y salir de gira. En 1996, a los 17 años, grabó su primer álbum llamado “Call the cops”, el cual fue denominado por la revista Real Blues como “un explosivo debut”. Por esa época, Costello unió fuerzas con amiga Susan Tedeschi, también guitarrista de blues, realizó algunos conciertos con ella y participó en su álbum debut “Just won’t burn”.
En el año 2000, cuando lanzó “Cuttin’ in” con el sello Landslide, obtuvo un disco de oro y aún no había cumplido los 20 años. Este trabajo obtuvo muy buenas críticas, lo que lo llevó a ser nominado al premio W.C. Handy como “Mejor nuevo artista”. En AllMusic tuvo 4 estrellas y media, mientras que la revista Blues Revue comentó “Sean Costello llega para dar un nuevo aire al blues”.
En 2002 publicó “Moanin’ for molasses”, también con Landslide, y fue portada de Blues Revue. En esa edición fue denominado como “el principal artista para ser considerado, muy pronto, la próxima estrella del blues”. Diversos periódicos lo reseñaron en esa ocasión como un intérprete magistral de la guitarra, a la vez que muy maduro. Lo compararon con artistas como B.B. King, Eric Clapton y Stevie Ray Vaughan.
En 2005, el guitarrista publicó su álbum epónimo “Sean Costello” con el sello Artemis. Este cuarto trabajo fue producido por Steve Rosenthal, quien ha trabajado con The Rolling Stones y Suzanne Vega entre otros. De lejos es el más diverso y arriesgado, pues Costello mezcla su blues con soul, funk y algo de rock. Tuvo algunos invitados muy especiales como Levon Helm, baterista de The Band, al igual que su hija Amy Helm con su grupo Ollabelle.
Costello tuvo la fortuna de ganarse el respeto y la admiración de muchos de sus ídolos, compartiendo escenario con B.B. King, Buddy Guy, James Cotton, Pinetop Perkins y Bo Diddley entre otros. “Todo lo que quiero hacer es tocar bien la guitarra. Soy muy afortunado de poder ganarme la vida de esta forma y mi plan es mantenerme así por el resto de mi vida”, dijo Costello en una reciente entrevista. Infortunadamente se topó con la muerte el pasado 15 de abril, justo un día antes de cumplir 29 años de edad.
Junior Kimbrough, fallecido el 17 de enero de 1998
La visión hipnótica y modal del blues que tenía Junior Kimbrough permaneció como una atracción regional durante buena parte de su carrera, pero finalmente trascendió los confines de su región en 1991, cuando apareció en el documental “Deep Blues” y su banda sonora para el sello Atlantic, gracias a lo cual logró firmar un contrato para su debut con el sello Fat Possum: el álbum “All night long”.
Junior Kimbrough nació y creció en Hudsonville, Mississippi, donde aprendió a tocar guitarra escuchando las grabaciones de diferentes músicos del Delta. En 1968 grabó su primer sencillo, “Tramp”, para el sello local Philwood. Durante las siguientes dos décadas, Kimbrough no grabó con frecuencia pero se destaca un sencillo llamado “Sep your hands off her” para High Water y otro, “All night long”, que estuvo disponible en una compilación de varios artistas llamada “National Downhome Festival, Vol. 2”, lanzada por Southland Records.
Durante los años 70 y 80, Kimbrough se presentó en muchos juke joints a lo largo y ancho del Delta del Mississippi, donde fue descubierto por el periodista musical Robert Palmer a finales de los 80. Palmer presentó a Kimbrough en su documental “Deep Blues” y su participación en esta cinta le dio al guitarrista un contrato con una disquera de tipo nacional: Fat Possum, con la que grabó su primer álbum, “All night long”, en 1992. Este trabajo fue muy bien recibido tanto por publicaciones especializadas en blues como por las del mainstream, al igual que la película “Deep Blues” y su banda sonora. Toda esta atención llevó a Kimbrough a salir a presentarse fuera del Delta, llegando a realizar algunos conciertos en Inglaterra. Después de esta actividad, Junior Kimbrough retornó a los juke joints del Delta y grabó un segundo álbum, “Sad days, lonely nights”, en 1993. En 1997 presentó “Most things haven’t worked out” y un año después, luego de su muerte, el póstumo “God knows I tried”.
Junior Kimbrough murió de un ataque al corazón el 17 de enero de 1998.






