Delta Blues, un invento blanco

In Search Of The Blues
Marybeth Hamilton
Basic Books, 2008, 309 pp.

Leadbdelly, Robert Johnson y Charley Patton son nombres familiars en el blues, no solo por su música sino también por sus voces, sus vidas atormentadas o los legendarios pactos con el diablo a la medianoche.
En “In Search Of The Blues”, Marybeth Hamilton reconstruye los orígenes del Delta Blues y demuestra que la historia que conocemos es un mito. La ideal de llamado Delta Blues surgió solo a mediados del siglo 20, como la culminación de una larga fascinación blanca por los misterios y el exotismo de la música negra.
Todo comienza hacia 1900, cuando un grupo de hombres y mujeres blancos se obsesiona con las voces negras y comienzan a rastrearlas. El primero de ellos fue Howard Odum, quien recorrió los polvorientos caminos de Misisipi con un fonógrafo para capturar en cilindros las melodías de los vagabundos y los trabajadores del campo.
Dorothy Scarborough es otro nombre a destacar. Una mujer criada en las plantaciones quien a través de sus recuerdos y de los veteranos de la guerra civil, recrea en su trabajo de folclorista las canciones que interpretaban las grandes mamás negras encargadas de cuidar a los hijos de los grandes hacendados.
Para los cazadores de canciones John y Alan Lomax, el recorrido por las cárceles sureñas manifestó el encuentro con Leadbelly, cuya voz melancólica y desgarrada evocaba las angustias de los trabajadores encadenados. Leadbelly fue la llave para que los Lomax encontraran muchos tesoros sonoros en las penitenciarías pues les sirvió de puente ante la timidez y la desconfianza de los presos.
Todas esas grabaciones tempranas tuvieron un destino común: la habitación de James McKune, un ávido coleccionista de discos que escuchó algo puro y primitivo en las voces de Charley Patton y de Robert Johnson, que eran las joyas de colección de golpeados discos de 78 RPM, que guardaba en una caja de cartón debajo de su cama. Cuando estas grabaciones salen a la luz en 1960, los coleccionistas las usas para inventar la idea del Delta Blues como la voz auténtica de los afroamericanos, que era diferente a la música popular negra de la época que emanaba de las grandes casas disqueras.
Marybeth Hamilton nos muestra que el término Delta Blues no fue creado por los negros sino por peregrinos musicales blancos, que escarbaron en lo más profundo del sur en busca de la auténtica voz negra de rabia y redención. En la labor detectivesca de construcción de esta historia, Hamilton revela cómo la cultura blanca ha estado enmarcada por fantasías de diferencias raciales, el descubrimiento de Estados Unidos en medio del drama de estadounidenses descubriéndose a sí mismos.

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