El blues brilló en La Media Torta

El sábado 23 de abril se llevó a cabo el Tortazo Blues con asistencia superior a 3.000 espectadores

La mañana comenzó gris, en algunos sectores de Bogotá llovió y lo que se presentía como un tormentoso sábado, dio un giro total y se convirtió en un soleado día en el que el blues brilló en todo su esplendor durante el desarrollo del segundo Tortazo Blues en La Media Torta, escenario al aire libre por excelencia en la capital colombiana.

Isidore Ducasse

Al igual que el año anterior, desde el comienzo de la jornada ya había buena cantidad de público, que se encargó de recibir a Isidore Ducasse con mucha calidez. Esta agrupación hace parte de la vieja guardia del blues bogotano, ayudando a sembrar las semillas de lo que hoy tenemos como escena. Isidore Ducasse, además, hizo parte del tortazo que se hizo en 1996. Con más de 20 años encima, el grupo suena mucho más fuerte que antes, como los buenos vinos, mientras más viejo mejor. Indira, su cantante, tiene una voz imponente, de formación lírica pero adaptada con facilidad al blues, más una presencia escénica que la hacen única. Estuvo bien soportada por los vientos, el teclado, la guitarra y el bajo, mostrando que el grupo que unió hace dos décadas el ya fallecido Rafael Serrano no ha perdido su rumbo dentro del sendero de las big bands.

Vulgarxito

El segundo lugar correspondió a Vulgarxito, agrupación con un sonido muy fuerte, liderada por un frontman sólido como Jorge Luis Vanegas, quien dio muestra de sus dotes como guitarrista y cantante, recordando en muchos momentos al argentino Pappo (no solo cuando interpretó su famoso “Desconfío”), entreteniendo a un público que coreó sus canciones, pidió más y más, y que quedó satisfecho cuando Vanegas se paseó por las gradas de La Media Torta para que sus seguidores degustaran más de cerca su blues, el cual se viene ya acuñando con el camino recorrido, especialmente con su paso por Memphis y su escena blues.

The Big Bones

Con el ánimo de abrir espacio en el Tortazo Blues a agrupaciones nacionales y que no se quede todo en el ámbito local, desde Medellín llegó The Big Bones. Este grupo tiene un sonido muy limpio, muy preciso por así decirlo, y deja poco espacio a la crudeza que ha caracterizado al blues. De todas maneras la experiencia de la banda cautivó al público, que disfrutó con ganas sus temas originales y cóvers. The Big Bones ha sido soporte de Guitar Shorty, Watermelon Slim, Joe Louis Walker, John Nemeth y Rip Lee Pryor en su paso por la capital de Antioquia, por lo que puede ser considerada como muy buena representante de la escena paisa. Dejó un buen sabor en la boca de los espectadores y la puerta abierta para otro grupo proveniente de fuera de Bogotá para una futura edición.

Natalia Bedoya y Martini Blues Band

La introducción al mejor estilo de James Brown fue el llamado al escenario para Natalia Bedoya, quien con “I Feel Good” paró a los que todavía estaban sentados en La Media Torta. Yo había visto a Natalia con su “Shot de blues”, show que hace con Carlos Reyes, por lo que me sorprendió ver su transformación cuando es acompañada por su Martini Blues Band. Mostró que es una gran líder, que se toma la cuestión en serio cuando de espectáculo se trata y que cada vez busca elementos creativos para ampliar su repertorio, como esa hermosa dosis de góspel que ofreció más un interesante medley en el que estaban incluidas “Hit The Road, Jack” y “Moliendo café” entre otras. Natalia e Indira, la cantante de Isidore Ducasse, son un ejemplo palpable de que a la mujer hay que abrirle más puertas en la escena blues de Bogotá.

Tail Dragger

Finalmente apareció el maestro Tail Dragger, broche de oro para esta nueva edición del Tortazo Blues. Acompañado por una banda conformada por Mauricio Leguízamo y Andrés Cardona en las guitarras, Germán Pinilla en la armónica, William Suárez en el bajo y Alejandro Duque en la batería, Tail Dragger se robó el show en La Media Torta. Primero, afirmó que cantaba sentado porque ya era viejo y se cansaba, por lo que pidió el favor de que no se burlarán de él. Sin embargo, el “burlado” fue el público pues Tail Dragger prácticamente no se sentó sino que caminó y gateó por el escenario cantando sus canciones y contando sus historias, llegando inclusive a bajarse de la tarima para estar un poco más cerca de los espectadores que se agolparon contra la baranda para apreciar más de cerca a la leyenda viva de Chicago. Realmente tener a Tail Dragger en Bogotá fue muy importante pues se convirtió en el contacto más cercano que hemos podido tener con la escena de la ciudad de los vientos y con los sonidos de Howlin’ Wolf.
En definitiva fue una tarde soñada. Las bandas se entregaron por completo y dieron un espectáculo de calidad. El público no se quedó atrás y estuvo a la altura del evento, siendo ejemplo de que la música se puede disfrutar en paz. Las más de 3.000 personas que al final se contaron en La Media Torta son una medida clara de que el blues en Bogotá se está consolidando y que necesita seguir contando con este espacio que se ha ganado dos veces a pulso. La mejor hora del blues de la ciudad y del país está por llegar.

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